MATES

El mate está camino a convertirse en nuestra bebida nacional, forma parte de cada hogar, de cada trabajo y de cada momento de nuestras vidas. Tal vez nos hacemos más conscientes de esto, cuando viajamos y notamos la ausencia de nuestra típica invitación: “¿Hacemos un mate?” o “¿Tomamos unos mates?”.

Los argentinos (y uruguayos) hemos incorporado esta tradición maravillosa, que excede el sabor y las características nutricionales de la planta de la yerba mate. Hemos hecho del mate un ritual de amigos, un compañero de tareas, un testigo silencioso de nuestra pasión y vocación cuando de construir sueños se trata.

El mate es el comienzo del día, es el momento de parar para volver a inspirarnos. El mate es el abrazo y la oreja de nuestras melancolías.

Me gusta hacer mates, porque pienso que serán vehículo de unión entre las personas.
Ahora mismo estoy haciendo un mate especial para un amigo muy jovencito con el que nos cruzó la vida, quién sueña con llevar esta cultura del mate por el mundo, y la llamó Mate sin Fronteras. Inspirado en la idea de realizar un by pass cultural, y honrando la memoria de quién también fue para mí un ejemplo: nuestro querido doctor Favaloro, este joven al que le decimos Wally (Osvaldo Moro), se ha propuesto que otras culturas comprendan esto de “Las venas abiertas de América Latina” que magistralmente describe Galeano en su libro.

Tomar mate me recuerda a mi papá, que era un gran tomador de mate. Me recuerda el Don Güiraldes cuando me dijo que él lo tomaba dulce porque no tenía que rendir examen de Gaucho…
El mate es amistad, y la amistad podría salvar el mundo…

Juan Carlos Pallarols.